Santiago en los ojos de un mapache.

Para empezar este post, tengo que partir con esto, porque sí.

Viajar a Santiago, para una b̶e̶s̶t̶i̶a persona como yo, que siempre viví en la novena región y la vez que fui más allá de Rancagua fue en mi paseo de curso de 8°, fue algo complicado, pero satisfactorio.

Santiago tiene varias cosas que me parecieron curiosas, por decirlo de alguna forma:

El metro en horario punta:  Y sin lugar a dudas esto tiene que ser algo que un tema así tiene que acompañar (no, no metalero):

Tiene su gracia el ver tanta gente siguiendo como zombie a los hueones de adelante pa’ subirse al metro, apretado como tarro de jurel, para llegar a la pega o colegio. Debo decir que a mí me gustó. No sé si fue el ver sufrir tanto a la gente apretá o el hecho de que en el metro todos valen lo mismo, pero me gustó. Y en horario punta, entrando a codazos, lo mejor.

Las Condes: 

Cuando fui, me quedé Pedro Aguirre Cerda (pobre hueón pobre) y viajar hasta Las Condes, fue bacán. No sólo porque el viaje desde Providencia pa’ arriba fuera más relajado que la chucha, ni porque me iba comiendo un helado, no. Fue bacán porque ver el contraste de la Capital de Chile, pasar de la pasta base a las casas donde de seguro la gente comía cobre, fue maravilloso. Y es que en media hora uno se puede pillar con contrastes tan lindos como el ver un curaíto durmiendo en el suelo en PAC con su caja de vino al lado y media hora después, ver una vieja de mínimo unos 55 que parecía de 30 comiéndose un helado de 8 lucas. Un viaje hermoso.

El Mall Chino:

Si usted que no conoce Santiago, va a al mall chino, esperando ver a algún Chino, lamento decirle que no lo logrará. Lo más cercano a un asiático que vi, fue un tipo con cara de querer invadir mi país. De seguro era Irakí o algo así. Qué manera de no haber Chinos en el Mall Chino. Me pareció chistoso que incluso las cosas que vendían no eran “Made in China”, si no que muchas eran “Made in Tailandia” o algo así.

Persa Bio-Bio:  Aquí no pienso poner niuna hueá, porque la opción era poner un reggaetón y no lo pienso hacer. NO.

No es que tenga algo en contra de los negros ni algo en contra de los flaites, pero qué manera de haber flaites negros. Y eso que por donde fui fue por la parte menos cuma del lugar. Lleno de flaites ese lugar. Un lugar así hace pensar que pagar 10 veces máspor algo, pero que te atienda una mina bonita, que te hable bien y ver gente linda al rededor tuyo, vale la pena. En serio, pago 10 veces más por algo si veo gente linda y no tanto flaite.

Comida rápida:

Siendo del sur y la única cosa de comida rápida que hay donde vivo es comerse una tabla en un bar, vale la pena la comida rápida en Santiago. En serio, podrían darse cuenta de lo que tienen. Acá uno daría cualquier cosa por tener un Burger King o un McDonalds, y en Santiago hay 3 en cada cuadra. Claro, los santiaguinos dirán que nosotros comemos más sano, y eso es porque no saben nada sobre los asados de cordero al palo que acá nos mandamos.

Gente sentada en el pasto: Me gustó ver tanta gente disfrutando del pasto, porque acá habiendo tanto, la gente ya no va a sentarse al pasto, a mirar el lago y el volcán, pero en Santiago un pedacito de pasto es puro placer. Punto para la capital, aunque en poco tiempo más lo único verde que habrá serán los maestros de la construcción.

Vi muchas cosas más, pero creo que eso es lo digno de destacar, aparte de que vi a un par de gente “conocida de la tele” y que adelgacé como 200 gramos, nada importante.

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